En casa estamos preocupados por la salud de mi tía. Madre, usted que está a nuestro lado, se dará cuenta de que no sabemos muy bien qué le pasa:ffice
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-Es la colondra, hijo, hazme caso- me asegura mi tía.
-¿qué colondra ni qué ocho cuartos?- interviene mi madre
-¿la colondra , tía. Está segura?
- Sí, hijo, últimamente ha recibido menos sangre de la que debiera y parece que se apagará pronto, cuando sufra una telestomía aguda.
-Lo confirmo – dice el médico- su tolondra se está moviendo en parámetros de alto riesgo. Es, para poner un ejemplo, como cuando usted está en la M 40 en un atasco. Quiere llegar a su trabajo y sueña con que su coche puede volar. La sangre de su tía es el coche, el atasco es la telestomía aguda y su imaginación, la que vuela, es la imposibilidad de que en tierra encontremos el remedio que aún está en el aire.
-¿Ves hijo?- asegura mi tía.
- Pero qué médico ni qué ocho cuartos, aquí no hay nadie- acaba mi madre.
-No se preocupe, señora. Yo para usted le diré que su madre se muere porque a su corazón le cuesta que le llegue la sangre. Las venas están agotadas. Es como si usted está en la M 40 en coche y quiere salir de vacaciones. Pero está en un atasco y ya le quedan cuatro días de playa porque es trabajadora temporal y sólo le dan una semana. Decide salirse del coche a arreglarlo y, usted que es muy suya, mata de un disparo al primero que se ríe de usted. Las venas de su tía están a punto de que unas bolas de grasa disparen a bocajarro a su corazón.
- O sea, que ha tenido un infarto- dijo mi madre cuando mi tía murió al día siguiente
-se confirma- dijo el médico del Samur que vino en la ambulancia y que nos pidió el carnet de conducir. Sin dejar claro si era para formar parte de una absurda metáfora médica o porque el DNI no lo encontrábamos.
-El DNI lo tengo yo- interrumpe el médico de la habitación de mi tía.- Me he permitido cogérselo para tomar sus datos y elaborar este contrato por el que me permite que le extraiga la colondra a su tía e investigue en mi laboratorio que, de hecho, se encuentra en una esquina de la M40.
-Nos la llevamos ya-dijo el médico del Samur
Entonces, madre, en casa, usted y yo, ya sin la tía, me decidí a elegir metáfora. O la de los coches, o la del disparo. Al final, madre, me creí la historia del doctor de toda la vida. Firmé y doné esa colondra a la ciencia. Porque creo que aún la imaginación puede salvarnos y porque seguro que algún día los coches volarán. No sé para qué, ni si tiene sentido. Pero si hoy mi coche hubiera volado, mi tía hubiera estado entre nosotros, con su médico, su madre y su sobrino. Y viendo desde la ventana los atascos en el cielo de la M40